La ignorancia etimológicamente proviene del verbo “ignorar”, del latín “ignorare”, y suele entenderse como tal como la ausencia del conocimiento, que a su vez puede señalarse como dos formas concretas:
- en forma absoluta, que equivale a un insulto donde se intenta poner de manifiesto la degradación social e individual
- en forma relativa, que equivale al no conocimiento de un algo determinado, o al conocimiento imperfecto sobre algo determinado.
- en forma relativa, que equivale al no conocimiento de un algo determinado, o al conocimiento imperfecto sobre algo determinado.
Sobre la ignorancia se podría llevar a cabo una disertación que desde Aristóteles en su Metafísica, hasta nuestros días, podría dar lugar a colmar una biblioteca entera de tomos y tomos dedicados a la materia, la Historia de los pueblos así lo demuestra, pero quizás podemos resumirla con aquella frase de KANT cuando a la pregunta sobre que es la Ilustración contesta con su “sapere aude” (- ¡atrévete a saber! -)
Viene a colación esta breve reflexión sobre el conocimiento como la antitesis de la ignorancia, relativa al hacer de los desconocidos ERES de Andalucía, que como aperitivo podemos decir que son el mayor escándalo de corrupción de España desde que entra en vigor la Constitución Española de 1978, y que para dar una dimensión de su gravedad, podemos decir que estamos hablando de cifras que superan los 1.000 millones de euros, cantidad que convierten en ridículas las presuntas corrupciones que la cobertura mediática actual bombardea con el dia a dia sobre corrupción en este país de arriaba abajo y que sospechosamente pasa de puntillas sobre este hacer de prejubilaciones convenidas-amañadas en los EREs de Andalucía.
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