El 12 de enero de 2010, Haití sufrió uno de los terremotos más destructivos de la historia de la humanidad. El país quedó devastado, y murieron unas 220.000 personas, según fuentes del propio Gobierno de Haití. Durante los siguientes meses posteriores, la comunidad internacional se movilizó para llevar ayuda de emergencia y humanitaria. La situación económica y social de Haití era ya crítica antes del terremoto, pues no en vano Haití en las estadísticas de Naciones Unidas sobre el desarrollo, siempre ha estado en los últimos puestos. La ayuda internacional para la reconstrucción del país superó los cinco mil millones de dólares y dado las carencias en todos los ámbitos del país, parecía claro que el proceso de reconstrucción Haití dependería en gran medida de la asistencia y ayuda exterior, como ha quedado confirmado en los años posteriores. Han pasado ya más de tres años De la tragedia de Haití, y el país sigue sumido en una profunda crisis humanitaria. Se calcula que unas 347.000 personas siguen viviendo aún en campos de refugiados. La misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití, MINUSTAH, establecida el 1 de junio de 2004, fue reforzada por Resolución del Consejo de Seguridad de 19 de enero de 2010, con más personal y presupuesto, con el fin de apoyar la labor inmediata para la recuperación, reconstrucción y estabilidad del país. Sin embargo no todos están de acuerdo con la efectividad de la ayuda internacional, y ha surgido una corriente crítica entre las organizaciones internacionales y los medios de comunicación. Las enormes cantidades de ayuda han puesto mucho énfasis sobre la calidad de la ayuda, especialmente en el carácter de las políticas de reconstrucción aplicadas conjuntamente por el gobierno y los donantes internacionales. La experiencia señala que los procesos de reconstrucción económica y social son procesos más difíciles y complejos en los llamados Estados frágiles, donde la debilidad institucional y los conflictos sociales internos obstaculizan u obstruyen la implementación de los programas de reconstrucción. Antes del terremoto Haití era ya un país diana en el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, que sin embargo no estaba teniendo impactos positivos en la reducción de la pobreza y en el fortalecimiento de las relaciones institucionales. En la Conferencia de Donantes celebrada en Nueva York en marzo de 2010, los países participantes intentaron crear un nuevo modelo de cooperación en los estados frágiles, y se mostraron preocupados y sensibilizados por reforzar el buen gobierno, las prácticas éticas y las capacidades de las instituciones locales. De esta Conferencia surgieron dos organismos de reconstrucción: La Comisión Interina de Reconstrucción de Haití (CIRH), y el Fondo de Reconstrucción de Haití (FRH). Ambas instituciones nacieron con el propósito de asegurar el desembolso de los recursos comprometidos, su correcta canalización a través de instituciones locales, y la transparencia y rendición de cuentas en el proceso de reconstrucción. Hoy día la evaluación de esa ayuda, está cuestionada por una sería de factores. En primer lugar los donantes no han cumplido los compromisos contraídos en la Conferencia de Nueva York. A finales de 2012, los donantes habían desembolsado un poco más de la mitad de la ayuda prometida (56%) para el periodo 1010-2012, por lo que parece claro que el bajo cumplimiento de los compromisos de la comunidad internacional es una de las causas de la deficiente estructura institucional de Haití, agudizada ahora aún más por el terremoto. Por otra parte, muchos de los países donantes viven actualmente coyunturas económicas internas complicadas, que los ha hecho más remisos a mantener su nivel de compromiso.
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